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Que no sufran otras lo que yo he sufrido
By Gloria
Mar 21, 2007, 13:40

Que no sufran otras lo que yo he sufrido

Testimonio de Gloria (Canadá)

Esta historia es real. Es mi historia.
Crecí en Toronto, Ontario, Canadá, en los años 1960-70. Sufrí abuso sexual, lo que me afectó física y emocionalmente y me marché de casa a los 13 años. Conseguí trabajo de camarera de 5 a 12 de la noche y alquilé una habitación pequeña. Continué estudiando y me gradué de la secundaria con las mejores notas de la clase. En 1978 ingresé a una escuela de enfermeras.
En las vísperas de Navidad de 1978 conocí a un muchacho y me enamoré de él. En abril del siguiente año me di cuenta de que tenía un embarazo de 8 semanas. Le conté a mis dos mejores amigas el apuro por el que pasaba. Ellas me aconsejaron abortar. Una me dijo:
-No puedo creer que pienses tener ese bebé. Te va a arruinar la vida... Un aborto termina en cinco minutos y nadie se entera de que estuviste embarazada.
Otra amiga dijo:
-No es más que tejido orgánico, ¿cuál es el problema?
Cuando llevaba 10 semanas de embarazo acudí a una de mis instructoras de enfermería y le expuse el mismo problema. Me dibujó la imagen de un cigoto -el óvulo fertilizado, en las 48 a 72 horas después de la concepción-, y sugirió tener en cuenta el costo de criar a un niño estando sola y pobre. Ahí encontró mi punto débil. Yo sabía muy bien lo que eso significaba; fui criada por una madre soltera, con ayuda social. La instructora llamó a una de sus amigas, que a su vez llamó a otra, y la maquinaria se puso en marcha.
El médico que me iba a practicar el aborto preguntó mi nombre, mi edad, dirección, teléfono y el número de seguro de salud de Ontario -donde los abortos son pagados con impuestos de los contribuyentes-. Me dijo que tendría que esperar una semana más o menos hasta que el comité "decidiera" si podía tener el aborto, o no. En cuanto dejé el consultorio recuerdo haberme preguntado qué iría a decir frente al comité, puesto que no me había hecho una sola pregunta respecto al aborto en sí; ni por qué quería abortar, o quién era el padre, o mi historia médica. En el pasado había tenido unas cuantas operaciones y siempre me habían explicado en qué consistían, los riesgos que implican y cómo me sentiría después. Pero este médico no mencionó nada de eso.
Mi novio dijo: "un aborto sería la única solución". Yo comenté:
-Tal vez podría ir a una de esas casas para madres solteras y dar el bebé en adopción. -De ninguna manera darás a mi hijo-, respondió. y me llevó, en su coche al hospital.
La noche anterior al aborto cambié de idea y decidí que no podía seguir adelante. Entonces me dieron un calmante y me dijeron:
-Ya es demasiado tarde, para cambiar de idea.
Cuando terminó la operación, sentí que de alguna manera había sufrido una gran perdida. Me colmó la desesperación. Dejé la escuela. No tenía siquiera fuerzas para arrastrarme fuera de la cama ni para comer. Mi novio trató de ayudar, de alimentarme a la fuerza, sin resultado. Finalmente, un mes después y con 10 kilos menos me levanté de la cama. Era una sombra de lo que había sido.
Pasados seis meses nos casamos. Poco tiempo después descubrí que, una vez más, estaba embarazada. Decidí esperar a que se me notara, antes de decirle a mi marido, previendo que era probable que no estuviera preparado para ser padre. Sin embargo, a las 14 semanas tuve un aborto espontáneo en casa. En ese momento estaba sola y mirando al pequeño bebé, caí en la cuenta que lo que veía no era tejido sino un ser humano completo. En ese instante fui consciente de porqué me había sentido tan miserable antes. ¡Había abortado a mi primer niño a las 14 semanas! Supe que había matado a mi bebé. Después de ésa nuestro matrimonio decayó. Los dos comenzamos a tomar alcohol en exceso. Los ataques de depresión duraban semanas. Empezamos a hablar de divorcio.
En la primavera de 1982 tuve una perforación de embarazo ectópico. Tuve una hemorragia pero me salvaron con una operación de emergencia y con transfusiones de sangre. El doctor me dijo que tenía muy pocas posibilidades de dar a luz a un bebé saludable... Más alcohol y más drogas. De alguna manera decidí que no podía continuar así y traté de volcar mi automóvil desde un puente. El médico de guardia estaba furioso:
-¡Cerrar la puerta a tu juventud!, me gritó, ¿por qué trataste de hacer eso?.. tu belleza, tu inteligencia... Tienes toda la vida por delante. ¿Por qué?, dime porqué-.
Me miró fijamente a los ojos y me preguntó si alguna vez había abortado. Parece ser que durante su trabajo había encontrado algunas mujeres que intentaron matarse después de un aborto. Me contó que suelen darse abortos espontáneos y embarazos ectópicos después de un aborto provocado. Me dijo que yo sufría del síndrome del postaborto y me mandó a terapia.
El síndrome que mencionó (SPA) es una enfermedad reconocida por la Asociación Médica Americana. En un libro reciente sobre ese tema Mujeres que abortaron. No más silencio, David Reardon revela que un 15% de mujeres tienen una hemorragia después del aborto, 9% tienen infección y 22% pierden a un niño. Así también las mujeres que abortan en primer embarazo tienen un 200% más riesgo de sufrir cáncer de mama, 19% tratan de suicidarse, 20% se hacen adictas a las drogas o al alcohol.
Me tomó 15 años llegar a este punto. Cinco años atrás dejé de negar que mi crimen de conveniencia hubiera afectado mi vida. Fue un error creer en la mentira de un aborto es un procedimiento seguro y simple. Al contrario, hay dos víctimas: Un frágil e indefenso bebé y una mujer que va a tener que vivir con las consecuencias físicas y psicológicas por el resto de su vida. Algunas de esas consecuencias todavía sobreviven en mí. Debo ir cada año a hacerme una prueba de SIDA por las transfusiones de sangre que recibí.
Vi conveniente contar del aborto a mis dos niños y ellos no comprenden cómo pude matar a su hermano; mi marido continúa tomando; no puede perdonárselo. Yo me seguiré preguntando que habrá sido del bebé que aborté. Ahora me doy cuenta que no sólo prive a mi niño de nacer sino también de los descendientes que pudo tener: mis nietos... No es fácil vivir con esto en la conciencia. Iría hasta el fin del mundo para evitar que otras mujeres cometan ese error. Por favor, tomen mi historia en cuenta. Recuerden: la adopción es un camino válido. El aborto es la puerta de salida falsa; no es un derecho humano, es una práctica inhumana. No quiero que otras pasen los sufrimientos que yo pasé.





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